El día después

No se me ocurrió mejor forma para celebrar que había publicado mis dos primeros libros en Amazon que ponerme a pintar las vigas del techo. Hacía muchos años que no pintaba nada y el resultado ha sido el esperado: me he quedado corto de pintura y sólo he podido terminar la mitad, un agotamiento generalizado de tanto subir la escalera, pringar la brocha de pintura, estirar el brazo, brochar la madera, bajar la escalera, moverla medio metro y volver a empezar, y un más que curioso tono blancuzco desde las uñas de las manos hasta las uñas de los pies, sin olvidar las gotas de pintura que no pude quitarme del pelo. Los transeúntes me observaban con el rabillo del ojo y murmurabna algo mientras recorría las ramblas entre estantes de libreros y compradores de libros.

Así es cómo conseguí ser protagonista involuntario del Sant Jordi 2016.

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