El ángel de la guarda

El ángel de la guarda no vive en las iglesias,
arrastra su cuerpo entre la inmundicia del vertedero.

No tiene brillantes alas ni aspecto divino,
sus manos están encallecidas y la dentadura podrida.

La belleza le expulsa y lo aplasta al bajo fondo,
arrastra muertos, se infecta y acaba muriendo él también.

No vive en las altas torres de las altas montañas,
se acumula junto a otros ángeles de la guarda en hormigueros.

El ángel de la guarda somos nosotros,
dispuestos a soportar otra vez otro golpe
de parte de los pocos a los que salvamos
pagando con nuestras vidas sus excesos.

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