Resurrección

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…y resucitó, al tercer día, en el psiquiátrico.

No. No es eso.

En la calle el mito se vuelve real, con legionarios con sus fusiles y pechos henchidos de orgullo, y sus santonas de peineta y lágrima de vela contrita se emborrachan celebrando la resurrección del hijo de Dios.

Qué delicia sería saborear en la televisión las imágenes de las fervorosas gentes, tan felices ante la vuelta de entre los muertos del Cristo Redentor. Sería porque no queda ningún televisor funcionando, estrictamente todos emitiendo un refrito del vómito de Goebbels rebozado de anabolizantes y máquinas tragaperras.

Y toda esta memez, ¿para qué?

Ah, sí. Con voz de pito: declaro inaugurado este blog.

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