Memento de la verdad

De vez en cuando ocurre algo que podría llamar memento de la verdad. Cuando sucede sólo yo lo percibo así, para el resto de los mortales mi turbación, duda y zozobra no tienen sentido o explicación más o menos lógica.

El último de ellos ha sido cuando he dicho un comentario que me ha puesto ante una verdad pasada: las cuatro de la mañana de hace diez años, ciento cuarenta y cuatro días y nueve horas. Tenía un güisqui en la mano y un alcoholismo en gestación prolongada.

—¿Estás bien?
—Sí.

Y se callan. Me sirve, no como Respice post te, hominem te esse memento. Quizá poco apropiada para los tiempos que corren.

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