Confesiones de un viajero

Pude cambiar el billete de tren.

Logré convertir la carta de la ostentación.

Conquisté bautizos la carta de la ostentación.

Camelé con adulteradas misivas prosopopéyicas.

Sí coba a la perversión de avisada vanidad.

Sucedí lisonjas depravadas al poner sobre aviso su altivez.

Prolongué el aplauso envilecido apostando tras chismes desdeñosos.

Postergué la alabanza humillada compitiendo después del chirimbolo arrogante.

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