Timeline

Esta mañana, de camino a casa, tropecé mientras miraba las fotos de Instagram de la gente a la que sigo. Miré a mi alrededor para ver si había alguien grabándome. Me alegré de mi buena suerte: nadie se percató. Y después otra alegría: el objeto con el que había tropezado era una cartera. Estaba llena. De verdad: me la encontré, en la calle, en el suelo, abandonadita en busca de protección. Vino a mí. Y como vino a mí la abrí y vi que estaba llena de billetes de diez y de veinte euros.

Por fin, pensé, por fin tendré dinero para ser yo mismo, para poder llevar la ropa que marcará mi estilo, en lugar de estas feas prendas, anodinas y aburridas. Me gasté todo el dinero en prendas de ropa molonas, en un tinte para el pelo, un arreglo para la barba y unas gafas de pasta sin graduar. Mi viejo yo se podía ir a paseo. Me saqué fotos desde todos los ángulos posibles, con todas las ropas y todas las combinaciones que se me ocurrieron. Cada una con un mensaje, una intención: por fin me sentía yo mismo.

Actualicé el timeline. La había cagado con la compra: ya estaba todo pasado de moda, mi Instagram volvía a ser el de un viejo anodino, sin personalidad.

😦

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La mortandad influencer

El ataque coordinado contra los servidores de Tweetbook, YouVideo y Snapgram, que provocó la destrucción de los vínculos entre usuarios y contenidos, fue considerado por unos como una obra de arte.

Para la inmensa mayoría, entre ellos historiadores y antropólogos, supuso el inicio de la primera oleada de suicidios entre la población de los países más desarrollados del siglo XXI.

Soy imbécil

Lo reconozco: soy imbécil. Profundo. Profundísimo. De veras que me creí que había una posibilidad de que aquellos que han convertido el país en el cenagal apestoso que es pudieran marcharse a través de unas elecciones democráticas.

Creí que los españoles votaríamos de una forma más sensata, no eligiendo ya a nivel de ideas políticas, sino entre criminales condenados o ciudadanos que todavía no tienen un historial tan podrido. Los resultados de las elecciones están ahí. Aumentan los votos a unos, se reducen los votos de los otros. Es la voz del pueblo. España ha hablado.

Lo pensé. Lo reconozco. Soy imbécil. Profundo.

Ahora sólo falta ver las estadísticas de los votos para comprender qué ha pasado. Porque mientras escribo estas palabras pienso en la cuestión demográfica. Falta población joven, aumenta la población vieja, conservadora. Mi mundo, mi realidad, es la menos. Por contra, aquellos que ya solo miran por su propio interés, los que tienen miedo, los que ven la muerte cerca y sólo les importa su futuro, y los beneficiados por este sistema; son mayoría.

España somos un país envejecido, envilecido, empobrecido y envenenado.

Envejecido:

(Fuente: degeografía32)

Envilecido:

Empobrecido:

(Fuente: Arope 2014)

Envenenado:

(Fuente: PISA)

En fin. Soy imbécil.